miércoles, 23 de marzo de 2011

Cuaresma


La Cuaresma parece ser un tiempo para incrementar nuestra oración personal, favorable para examinar, confesar nuestros pecados y tener una linda reconciliación con el Padre. La Iglesia nos enseña que una de las mejores maneras de vivir este tiempo de cuaresma en su dimensión más profunda es hacer ayuno.

Pero creo que en este mundo ayunar es un privilegio. No un privilegio para algunas personas que tienen un alma muy fuerte como para no tomar una de las grandes comidas. Ese no es el asunto.

La cuestión es esta: solamente quien no pasa hambre, puede hacer ayuno. Las demás personas en el mundo que tienen hambre no pueden ayunar. Sólo ayunan todos aquellos que tienen en sus mesas el pan cotidiano.

He visto en India los diferentes rostros del hambre. Los vi en Argentina también. Son similares a los de Brasil, Paraguay, México o Costa de Marfil. Lo que sucede es que el hambre tiene un rostro similar en todo el mundo. Nosotros podemos darnos cuenta muy rápidamente. Porque nosotros, -yo escribiendo y ustedes leyendo-, no tenemos hambre. Mucha gente en este bendito mundo pasa hambre. Mucha más de la que podemos imaginar. Y ellos, en su hambre habitual, no pueden ayunar. Porque no lo pueden elegir. Para ellos, el hambre es el pan cotidiano; todos los días están haciendo ayuno.

Pero nosotros podemos ayunar. Porque no tenemos hambre. Y este puede ser el significado secreto de nuestras privaciones de cuaresma: no tomar algunos alimentos en las comidas, ofreciendo este pequeño sacrificio por esta pobre gente. Nosotros podemos ayunar. Ellos no. Entonces podemos hacer ayuno por ellos.

¿Pero como es esto posible? ¿Cómo pueden algunas personas hacer ayuno en este mundo con hambre? ¿Este ayuno no podría ser hasta un insulto para el hambre de estas personas? Ciertamente, Dios, el Dios Vivo y Verdadero no necesita de nuestros sacrificios. Nuestro ayuno no va a incrementar su gloria eterna. Y más ayuno en nuestras vidas no nos va a poner más cerca de Dios. Hacer ayuno es para nosotros como un aprendizaje. ¿Ayunar nos ayuda a disciplinar nuestros cuerpos? Alguno puede pensar que sí. A mí me suena a desfasado.

La secreta razón de este tipo de privación no es el esfuerzo personal de conquistar nuestra voluntad salvaje, sino acercarnos a toda esa gente que en este momento están sintiendo el hambre en sus entrañas. No porque tenemos una voluntad de hierro y una sed de volvernos perfectos a nosotros mismos, podemos hacer nuestro ayuno. No porque nuestro Dios, el Padre de nuestro hermano mayor Jesús, necesite de nuestro sacrificio y privaciones. Podemos ayunar, ofreciendo nuestro ayuno por la gente hambrienta a lo largo de todo el mundo, que no puede ayunar. Este es el primer paso, El segundo podría ser invitarlos a nuestra mesa. Dice Dios por el profeta: “el ayuno que yo quiero es compartir el pan con el hambriento” (Is. 58, 7).

Desde los arcenes



“Cuentan de un sabio…. Otro sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó”

Me recuerdo estos versos y esta fabulita al escuchar las quejas que se dicen estos días sobre la velocidad impuesta como máximo a 110. Realmente estamos tan imbuidos de una civilización del tener, que cualquier austeridad nos resulta extraña, doliente. Y no a las personas que la sufren en su vida, sino a los que estamos viviendo con cierto desahogo y nos resistimos a bajar el pistón de nuestro confort.

En la autopista de la vida, hay muchas personas que disfrutamos la posibilidad de correr, de vivir a 120,150…. Y otras que solamente pueden ir a 60 e incluso hay muchas personas que viven en los márgenes de la vida y solo pueden ir tirando, mal viviendo e incluso muriendo en los arcenes.

Lo noto ahora que intento ir lo más posible en autobuses, que vivo la realidad de las esperas en la seguridad social, que estamos en casa sin trabajo para una persona, en las consecuencias de la crisis.

¿No será bueno que descubramos la suerte que tenemos en la vida y qué interesante es que esos beneficios lleguen a todas las personas aunque me suponga un poco de privación?. De eso que es tan importante el empobrecimiento voluntario: vivir un poco menos bien para que todas las personas vivamos mejor.

Voy percibiendo algunos brotes blancos: de personas que están viviendo la crisis como profundidad para dedicarse más a ser personas, a compartir, a la solidaridad, a dedicar su tiempo al diálogo en la familia, a servicios de voluntariado.

Sinceramente celebro el que se reduzca la velocidad a 110. Igual es que estoy convertido porque he recibido alguna multa por correr demasiado. Y trato cada día más de ver las cosas andando por los arcenes de la vida.

martes, 1 de marzo de 2011

Lastima o compasión


Qué diferente es ver a una persona enferma a estar enfermo yo mismo. Cambian totalmente las cosas, los sentimientos y mis reacciones

Hay mucha diferencia entre sentir lástima por alguien o tener compasión. La lástima participa en el malestar pero visto desde lejos, desde fuera. La compasión siente con, comparte en propia carne el sufrimiento de la otra persona. Lo ve ni lo siente en propia persona.

La lastima nos lleva a darle limosna, damos donativos, montamos mercadillos solidarios de todo tipo, tele maratones…. Pero no llegamos a vivirlo en carne propia. No nos quita el sueño. Ni nos complica la vida.

Qué diferencia abismal hay entre ser el hijo de un difunto a ir al tanatorio a dar el pésame al hijo amigo de un señor.

Hoy desarrollamos mucho la lástima. Prueba de ello es el resultado que tienen todas las novelas y programas que cuentan las penas ajenas. Yo a lo sumo lloro, pero no me implico para nada.

Qué distinto es cuando ese drama lo estoy viviendo en mi propia carne y no es un drama a hora fija, con horario predeterminado, sino que lo vivo todo el día y toda la vida.

La compasión no puede ser un espectáculo televisivo. Lo vivido no se da como llamativo. Se vive. Y si toca nuestro corazón, nos lleva a cambiar la realidad si podemos. Yo contemplo una población llena de hambre y no me puedo contentar con decir ”pobrecitos”, sino a mandarles un trozo de riqueza, a cambiar las leyes, las estructuras, la sociedad. Y eso me lleva a complicarme la vida.

Enseguida los pasos de la Semana Santa recorren nuestras calles. Y hay personas que hasta lloran. Pero ahí se queda. Cuando comparto la vida con un toxicómano, eso me hace cambiar, me hace revolver mi vida. No puede ser un espectáculo. Me complica .

A veces ocurre como en el entierro. Uno va dolido diciendo ”ay, mi pobre madre” Y el otro: solo grita y dice “ay la madre de éste”.

Aceute de ricino


Vienen los mítines y la propaganda. Y normalmente nos dicen lo que queremos oír.

Es muy duro y difícil decir lo que a las persona nonos gusta. En todos los discursos y mítines se mete de vez en cuando un cambio de voz y unas expresiones, normalmente en contra del adversario, que están pidiendo el aplauso. Es la liturgia y el ritual del mitinero.

Yo pido que nos digan verdades aunque no nos gusten

Se supone que somos personas adultas en busca de la verdad objetiva. Nadie ni persona ni partido ni colectivo tiene toda la verdad. Tiene una mirada de esa verdad. Por lo tanto, yo invito a los partidos que hagan como hacia mi madre cuando yo era niño. Cuando tenía dolores de estómago o de vientre, me daba un sorbo de aceite de ricino Desde los tiempos faraónicos se utiliza la planta de ricino con fines medicinales. La aplicación más conocida es como purgante.

Nos viene muy bien a todos, incluida la política, la sociedad, la iglesia, los colectivos, tomar una ración de aceite de ricino: purgar, limpiar nuestra visión. Intentar limpiarnos profundamente de todos los intereses. ¿De verdad que no hay más razón en nuestras posturas que el bien del pueblo? Y ¿no hay ninguna otra persona, incluso de los que piensan y sienten como yo, que pueda hacer las cosas públicas tan bien o mejor que yo?

Necesarias somos todas las personas .Imprescindibles, ninguna. Aunque nos lo creamos,. Por lo menos tomemos aceite de ricino, una buena cucharada, para quitarnos esa idea., Y así dejaremos a otras muchas personas que se ocupen en el servicio público.

¿Qué tal estaría que fuese como en la asociación de vecinos de la casa, cada año los de una planta de pisos? Y con perspectiva, no va peor la cosa.

Gerardo Villar. Blog: ”lo que escribe Gerardo