viernes, 15 de abril de 2016

San Jorge



La leyenda -posiblemente originada en el siglo IV- cuenta la historia de Jorge, un romano que tras morir su padre -Geroncio, oficial del ejército romano- se trasladó con su madre Policromía hasta la ciudad natal de ésta: Lydda -actual Lod (Israel)-. Allí, Policromía pudo educar a su hijo en la fe cristiana y poco después de cumplir la mayoría de edad se enroló en el ejército. Debido a su carisma, Jorge no tardó en ascender y, antes de cumplir los 30 años fue tribuno y comes, siendo destinado a Nicomedia como guardia personal del emperador Diocleciano (284-305).
En  303, el emperador emitió un edicto autorizando la persecución de los cristianos por todo el imperio, que continuó con Galerio (305-311). Jorge, que recibió órdenes de participar, confesó que él también era cristiano y Diocleciano ordenó que le torturaran sin éxito. Por ello, se ordenó que se le ejecutara. Tras ser decapitado frente a las murallas de Nicomedia el 23 de abril de 303, los testigos convencieron a la emperatriz Alejandra y a una anónima sacerdotisa pagana a convertirse al cristianismo y unirse a Jorge en su martirio. Una vez muerto, el cuerpo de Jorge fue enviado a Lydda para que fuera enterrado.
La historia anterior es, en el mejor de los casos, dudosa. Sin embargo, su veneración como mártir comenzó relativamente pronto. Se tienen noticias a través de relatos de peregrinos de una iglesia construida en Diospolis (la antigua Lydda) en su honor durante el reinado de Constantino I, que se convirtió en el centro del culto oriental a Jorge.
La iglesia fue destruida en 1010 y más tarde reconstruida por los cruzados. En 1191 y durante la Tercera Cruzada (1189–1192), la iglesia fue destruida de nuevo por las fuerzas de Saladino. Una nueva iglesia fue erigida en 1872 y aún se mantiene en pie.
Durante el siglo IV, la veneración al santo se extendió desde Palestina al resto del Imperio Romano de Oriente. En el siglo V su popularidad llegó a la parte occidental del imperio.

jueves, 7 de abril de 2016

Nuez de Pedroso



El pasado miércoles, 30 de marzo, el ingeniero técnico agrícola Nacho Ruiz Cadirat nos expuso, en los locales del Ayuntamiento de Santurde, de un modo ameno y claro, la interesante propuesta de esta Marca Colectiva.
La Marca Colectiva “Nuez de Pedroso”, además de proteger e identificar un producto de extraordinarias características, está fomentando en los últimos años el desarrollo de un cultivo en franca expansión.
Esta nuez, que se cultiva en localidades de los tramos medios y altos de los valles del Najerilla y del Oja, está amparada por dicha Marca Colectiva, gestionada por la Asociación Profesional de Productores de Nuez El Nogueral.
Asociarse es bien sencillo y no resulta costoso (33€ darse de alta). La asociación ofrece asesoramiento técnico gratuito y además ayuda con las pequeñas formalidades burocráticas.
El asociado debe pagar una cuota anual, 5€ por hectárea declarada, 2 céntimos por etiqueta para cada envase (las nueces se venden en bolsas o saquitos que van desde el medio kilo a los 10kg) y, si el asociado las quiere emplear, 5 céntimos por bolsa de papel con el logo correspondiente.
Pertenecer a la marca obliga a cumplir con unos requisitos de calidad, relativamente asequibles, a cambio de una significativa mejora en el precio que se obtiene por la nuez. De cobrar una media de 2 a 3€/kg se llega a los 4’5 a 6€/kg.

Es urgente dar a conocer a Jesús.



Es urgente: anunciar, dar a conocer a Jesús, su Persona, su Evangelio, contagiarlo con nuestro testimonio. Y saber que hemos pasado de una sociedad socialmente religiosa a una sociedad donde lo religioso no pasa de costumbre y de “lo que algunos celebran “.
Una lectura no costumbrista del evangelio, sino viva, actual  y que nos comprometa en la realidad del mundo.
Una gran necesidad de evangelizar, nuevas formas de grupos pequeños, nueva explicitación del Mensaje.
Y siempre queda el gran misterio de la debilidad, la pequeñez de Jesús que va hasta la muerte. ¿Será que estamos viviendo el anonadamiento de nuestra iglesia  y necesitamos pasar por la humillación? Es muy positivo el que la iglesia pinte cada día menos. Que vayamos siendo cada día menos los que nos profesamos  cristianos.
Me parece muy importante este aspecto: cada vez somos   menos. Vamos desapareciendo. Vamos bajando. ¿No será el resto de Israel, sin triunfalismos, el que nos va purificando, fecundando, la adhesión a Jesús y en el estilo nuevo?  Quizás necesito fijarme menos en el número e ir profundizando en la vivencia.