martes, 1 de marzo de 2011

110. No corra, por favor


Escribo cuando he pagado algunas denuncias por exceso de velocidad. Pero estoy de acuerdo con reducir la velocidad a 110 en autopistas y autovías,. Y con otras normas que fomenten la austeridad. La razón es clara: necesitamos un gastar menos para poder vivir todas las personas.

Cada uno tendemos a vivir bien y a veces lo mejor posible. Luego nos damos cuenta de que podíamos vivir mejor- con más sentido, paz y ánimo- nuestra vida sin intentar correr tanto. Sin intentar una vida a toda prisa y a todo gas.

¿Qué piensa la familia del que se mató por ir corriendo demasiado? ¿Qué sentimos cuando hemos ganado a base de la pérdida de otros? Decrecimiento,. He ahí la solución. Lo importante nos dicen es llegar, no llegar los primeros. Sino llegar todos. Buena lección necesito para esto. Gastar menos para poder gastar todos ¿Nos imaginamos la cantidad de agua que podíamos gastar menos si nos lo propusiésemos todos los vecinos del mundo? Y si ahorramos 20 kilómetros de coche cada día?

.De siempre me ha chocado que las madres o padres o responsables de la mesa, se comen la cabeza del pescado para hacer que llegue la comida a todos los comensales. Incluso he percibido amos-as de casa que dicen tener ese día mal el estómago para que la comida suya pueda servir a los demás. Es toda una sociedad preocupada en compartir, en mirar a las necesidades de los demás.

Por eso me alegro de que en carretera tenga que ir más despacio y lo mismo en ciudad. Ahorro y hay menos peligro para todos. A no ser que tengamos prisa-perdón por lo macabro- por consumir el tiempo hacia la muerte.

De desierto al jardín

El día 9 es miércoles de ceniza. Hacia la Pascua el 24 de abril
Los cristianos empezamos un camino, un itinerario para cambiar el desierto en jardín.
Lo llamamos Cuaresma. Todos sabemos lo que es una finca seca, sin fruto, con arena. muerta y lo que es un jardín: lleno de flores, alegría, vida.
Pues, vamos, los que queráis, a dedicar estos cuarenta días de cuaresma y 50 de pascua a colaborar para que nuestra vida, nuestra casa, nuestra parroquia, nuestro pueblo y nuestro mundo lo cambiemos un poco en jardín: con vida, alegría, flores.
Recordamos la leyenda de Eva que nos da la Biblia. Eva y Adán comieron de la manzana. Porque era fruto”hermoso de ver y deseable “. Ese fruto hoy tiene muchos nombres: Se llama TENER: CONSUMIR. Se llama: PODER. Influencias, armas, negocios, victorias. Se llama belleza: CULTO AL CUERPO para conseguir la juventud perenne, el encanto irresistible según la moda. Caprichos, consumir…
Todas ellas son manzanas apetitosas, “buenas para comer”hermosas de ver y deseables. Pero todas ellas nos sacan del jardín y nos mantienen en un desierto obscuro de sufrimiento.
Para VIVIR EN EL JARDIN: COMO Jesús, superar esas inclinaciones y vivir con valores nuevos

Nuestras vidas están más o menos alegres, llenas de vida. Podemos colaborar para que sean jardin y vivamos tan alegres “como unas pascuas”.

En Egipto, una vez más, la historia nos ha dado una lección.

Los pobres, esos que viven con menos de euro y medio al día (dos dólares, dicen), se han organizado. Primero para protestar por sus duras condiciones de vida. Y de paso, para pedir un Gobierno democrático, que sustituya al que tenían.

Finalmente, hasta se han organizado para limpiar calles y plazas, y para borrar las pintadas de paredes y monumentos.

Y lo han conseguido. Es verdad que aún quedan muchos pasos por dar. Pero, de momento, han logrado tumbar al Gobierno y a su Presidente. Ahora ha sido en Egipto. Antes fue en Túnez, en Ecuador… Y mañana será en…

Al final, va a ser verdad eso que algunos hemos pensado y dicho tantas veces: los pobres, cuando se organizan, son capaces de cambiar la Historia.

Y nosotros, ciudadanos europeos, seguimos mirando a los países del Tercer Mundo con cierta superioridad: nosotros somos más inteligentes, más desarrollados, tenemos más recursos; mientras que ellos son ignorantes, corruptos, pobres, condenados a vivir explotados de por vida.

¿Seríamos capaces, con nuestra cultura democrática, de organizar una protesta de 18 días, con sus noches, sin abandonar las calles hasta lograr lo que queremos? ¿Seremos capaces de aprender las lecciones que los pobres de nuestro mundo nos siguen dando? ¿Nos bajaremos, alguna vez, del pedestal de nuestra supuesta superioridad, para aprender algo de los demás?

Ésta es la cuestión. Josetxu Apellániz,

Pregón de Pascua


Éste es un tiempo para convencidos.
Tiempo de entrenamiento, ejercicio y lucha;
de mochila ligera y paso rápido.
Tiempo de camino y discernimiento,
de conversión y compromiso, de prueba y encuentros
en el desierto, en la estepa, en el silencio.
Es el tiempo de los proyectos de vida,
de las decisiones y desmarques;
a veces, de las transfiguraciones.
Tiempo de humanidad rota y dividida
que anhela el paraíso o la tierra prometida.
Tiempo de tentaciones, tabores y conversiones,
traspiés, heridas y cegueras,
perdones, restauraciones y agua viva.
¡Todo en sólo cuarenta días!
Este es el tiempo de las personas nuevas,
de las que han soltado el lastre
de ídolos secretos y falsas vanidades
y ya sólo anhelan misericordia y abrazos del Padre.

¿Voy a misa? II

“Es que los que van a misa son peores”

Permite que diga que eso no es cierto. Son iguales a los demás.

Es positivo el hecho de que veamos que el participar en misa nos exige seguir a Jesús y tener un buen comportamiento. Pero también es cierto de que aun con nuestros defectos, a misa no vamos porque seamos mejores que los demás sino con las ganas de ser buenas personas. Mejor aun, con la idea de descubrir en la misa cómo Jesús nos enseña y nos acompaña a vivir unos valores de convivencia, servicio, entrega…

Sinceramente esa opinión la veo como un tópico y como una forma de justificar mi postura. Perfectamente yo puedo participar o no en la Eucaristía. Pero nunca será justificante el comportamiento ajeno para mis decisiones.

En una sociedad muy plural en pensamientos, cada persona tenemos la oportunidad de pensar y decidir por nosotros mismos aunque otras personas actúen de distinta manera. Comprendo que ciertamente es difícil pensar y opinar por mi mismo cuando el ambiente nos va acostumbrando a actuar de una forma masiva, no personal.

Hubo momentos en que todas las personas iban a misa porque lo exigía el ambiente e incluso las normas y las leyes hasta sociales. Había que ir a misa porque si no ibas, estabas marcado en tu vida. Tengo sobre mi mesa un papel que dice” D…… cumplió con Pascua “. Gracias a Dios ya pasaron esos tiempos. El creer y practicar la fe es algo libre y personal

De manera menos lapidaria yo me atrevo a decir: Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: malo. Si esperamos que cambien los demás, malo, malo. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: malo, malo, malo. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: rematadamente malo.

Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible y además, está en nuestras manos: cambiar nosotros.

La justicia humana se impone por el poder judicial. Cuando pedimos a Dios que imponga “justicia” le estamos pidiendo que actúe como los poderosos. Dios no puede actuar contra nadie por muchas fechorías que haya hecho. Dios está siempre con los oprimidos, pero nunca para concederles la revancha contra los opresores. Esta es la clave para entender al Dios de Jesús.

La oración no la hago para que la oiga Dios,

sino para escucharla yo mismo

y darme la ocasión de profundizar en el conocimiento de mí ser profundo.

¿Qué resonancia puede tener hoy en nosotros este relato dramático que nos recuerda a tantas víctimas abandonadas injustamente a su suerte?

“Es que los que van a misa son peores”

Permite que diga que eso no es cierto. Son iguales a los demás.

Es positivo el hecho de que veamos que el participar en misa nos exige seguir a Jesús y tener un buen comportamiento. Pero también es cierto de que aun con nuestros defectos, a misa no vamos porque seamos mejores que los demás sino con las ganas de ser buenas personas. Mejor aun, con la idea de descubrir en la misa cómo Jesús nos enseña y nos acompaña a vivir unos valores de convivencia, servicio, entrega…

Sinceramente esa opinión la veo como un tópico y como una forma de justificar mi postura. Perfectamente yo puedo participar o no en la Eucaristía. Pero nunca será justificante el comportamiento ajeno para mis decisiones.

En una sociedad muy plural en pensamientos, cada persona tenemos la oportunidad de pensar y decidir por nosotros mismos aunque otras personas actúen de distinta manera. Comprendo que ciertamente es difícil pensar y opinar por mi mismo cuando el ambiente nos va acostumbrando a actuar de una forma masiva, no personal.

Hubo momentos en que todas las personas iban a misa porque lo exigía el ambiente e incluso las normas y las leyes hasta sociales. Había que ir a misa porque si no ibas, estabas marcado en tu vida. Tengo sobre mi mesa un papel que dice” D…… cumplió con Pascua “. Gracias a Dios ya pasaron esos tiempos. El creer y practicar la fe es algo libre y personal

De manera menos lapidaria yo me atrevo a decir: Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: malo. Si esperamos que cambien los demás, malo, malo. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: malo, malo, malo. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: rematadamente malo.

Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible y además, está en nuestras manos: cambiar nosotros.

La justicia humana se impone por el poder judicial. Cuando pedimos a Dios que imponga “justicia” le estamos pidiendo que actúe como los poderosos. Dios no puede actuar contra nadie por muchas fechorías que haya hecho. Dios está siempre con los oprimidos, pero nunca para concederles la revancha contra los opresores. Esta es la clave para entender al Dios de Jesús.

La oración no la hago para que la oiga Dios,

sino para escucharla yo mismo

y darme la ocasión de profundizar en el conocimiento de mí ser profundo.

¿Qué resonancia puede tener hoy en nosotros este relato dramático que nos recuerda a tantas víctimas abandonadas injustamente a su suerte?