viernes, 15 de abril de 2016

Éxito o fracaso



Éxito o fracaso ¿Si las cosas salen a mi gusto, pienso ¡qué éxito!  Si me salen mal, comento ¡qué fracaso!
No sé si es así. Todo depende de cómo lo viva yo, cómo reaccione, cómo lo digiera.
Cualquier realidad o acontecimiento, me puede ayudar a crecer o menguar como persona, como felicidad. Igual es que estoy identificando el éxito con mis apetencias. Y soy muy superficial en las cosas.
Algo que me sale al revés, me puede ayudar a pensar, a valorar, a intensificar los lazos de la familia. Y eso vale muchísimo.
Según de cómo me sitúe yo, de cómo valore, de lo que  busco en la vida.
Lo que sí me puede perjudicar, es ver y vivir las cosas con superficialidad, sin pensar, a la ligera. Un coche elegantísimo me puede llevar al accidente mortal. Una carestía, me acerca a la austeridad y a una mayor creatividad y solidaridad.
No sé si es por mis años ya, pero cada vez me voy dando cuenta más que no  es lo mismo éxito y felicidad,  fallo y desgracia.
Es cuestión de muchos metros de profundidad y contemplación.

Lo comprobamos todos los días



Lo comprobamos todos los días. Si una persona está dormida, una forma de despertarle es darle con cariño un golpecito.    Eso es lo que ocurre en el evangelio. Jesús cuando quiere decir algo interesante llama LA ATENCION  con un dicho y un mensaje nuevo y a veces contrario a lo  que ya pensamos.   Por ejemplo:”el hombre es más importante que el domingo, que la ley”, “Es bueno tocar a un leproso aunque sea sábado” Y estaba prohibido “La persona es mucho más sagrada que el templo”, ”Dios está en los pobres más que en los rezos”.
Yo creo que algo así nos hace falta hoy: no repetir lo de siempre, no decir formulas hechas, sino decir la frescura del evangelio. Por ejemplo: es mucho más importante una persona que todas las joyas del templo y de los santos. Es más importante  compartir  con los pobres que echar en el cepillo de un santo. Es más interesante acoger a los refugiados que arreglar un manto de la virgen
Encuentro a muchas personas habituadas, acostumbradas a lo que oímos en la misa, en la predicación, nos suena a conocido. Y oímos “perdona al enemigo” y le llevamos a juicio. Leemos en Jesús: ”felices los que eligen ser pobres” y echamos a la lotería.
Creo que hacen falta choques que nos despierten, que nos hagan ver la novedad del Evangelio. Necesitamos escándalos.  Como los judíos. Así se enteraron y algunos siguieron a Jesús. Un mal nuestro puede ser estar adormecidos.
Nos dice el papa cosas tremendas sobre el mal que supone el capital.

Algo terrible es acostumbrarnos



Algo terrible es acostumbrarnos. Oímos noticias y es como el chaparrón que nos cae. Oímos muertos en atentados, refugiados que pasan hambre, emigrantes en busca de lugar.  Y como quien oye llover.
Necesito hacer ejercicio de corazón. Que me afecten de verdad, que se me revuelvan las tripas. Eso me va  a llevar a actuar. Muchas veces nos quedamos con la expresión ”pobrecitos “, pero sin más. A lo sumo damos una cosita y ya estamos tranquilos.
Necesito leer, escuchar, dejándome afectar, dejándome impresionar. Hasta que me lleve a actuar. ¿Cuántas veces lloro de verdad ante el dolor ajeno?
Javier, el bombero vio el problema de los refugiados en Lesbos y allí se fue y ahora recoge miles de zapatos para llevar.
En el evangelio, Jesús ve un problema, a unas personas sufriendo y se dedica a ayudarles de verdad. Ahí está la multiplicación de los panes.
Qué sufrimiento vemos en las personas. Pues podemos poner remedio. El Cirineo no dijo solamente ”pobre Jesús”. Echó una mano y ayudó a Jesús llevar la cruz.
Unas limosnitas, una ropa usada, puede ser buena ayuda, pero podemos llegar mucho más profundo. Hasta cambiar la situación y arrancar el problema.
Percibo que uno de los problemas  de nuestra sociedad es que no nos dejamos afectar por los problemas ajenos, que los dejamos pasar. ¡ya se arreglarán! Pasamos la responsabilidad a otra persona o institución.
No se arregla la enfermedad con que otra persona vaya al médico. Tengo que ir yo y someterme al tratamiento.
Primero estar cerca del problema, segundo conocerlo, tercero que me afecte, cuarto querer hacer algo, quinto implicarme en serio.