sábado, 14 de julio de 2012

La montaña


El gran acelerador LHC de Ginebra, ha dado a luz, finalmente, aquello tan esperado “la partícula de Higgs”, pero esta vez se trata de una partícula importantísima, cuya existencia se anuncia en la teoría del físico Higgs en 1964. Ella es la base de la subsistencia de todas las cosas: dicho en lenguaje simple significa que sin la “partícula de Higgs no existiría la materia, y por tanto tampoco el universo donde vivimos…”
Es siempre motivo de alegría, de satisfacción, los nuevos avances de la ciencia. Dios ha dado al hombre una inteligencia, unos dones que el hombre puede y debe emplear para adentrarse y progresar en el conocimiento de la vida, de todo lo que afecta a la vida humana. Y hacer porque todo ello redunde en humanizar las relaciones humanas.
Pero conviene llamar a las cosas por su nombre más apropiado. “La `partícula de Higgs” honra el trabajo y la investigación de este científico, y de todos aquellos que dedican mucho entusiasmo, dedicación y trabajo a estas tareas tan importantes para la vida de la humanidad. Pero “la partícula de Dios”, quizás no honra el trabajo y el conocimiento, en estos temas, de los medios de comunicación, al cambiar el nombre, “partícula de Dios”, buscando una repercusión más fuerte en el ánimo de los lectores.
Porque ese Dios que, incluso a tientas, busca el hombre, que llama “con recios golpes” o con el deseo más sencillo pero profundo, nos pide como un suplemento de inteligencia, un suplemento de belleza, o de corazón… para percibirlo.. Y este Dios está muy cerca del hombre, de la mujer, este Dios está inmerso en la belleza y bondad de la creación, está inmerso en la intimidad más íntima del ser humano. Haciendo grande la inteligencia del ser humano, para que pueda adentrarse en el misterio de la vida humana.  Quizás necesitamos cuidar un poco más nuestra capacidad de belleza, de contemplación, de receptividad, de escucha.
Un Dios fuera y dentro de ti, un Dios que te abraza con inmenso amor. Un Dios con sed de humanidad, que quiere establecer y vivir contigo una relación de amor.

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